sábado, 18 de febrero de 2017

PANIQUITÁ Y CALDONO


Por la tarde, Kate y Betty nos acompañan a Paniquitá,un resguardo del municipio de Totoró. Allí todo el mundo las conoce y las quiere. Leonardo Velasco, el gobernador, nos recibió muy amablemente y nos dedicó el que parecía todo el tiempo del mundo. Nos estuvo explicando la organización del resguardo y sus veredas y nos mostró las instalaciones del Cabildo.


Fue para nosotros un gran orgullo sostener el bastón de autoridad, el palo de chonta representativo de la autoridad indígena que hacía poco habían refrescado, porque habían renovado los cargos. Durante la renovación había sido reelegido, lo cual significaba para él un gran orgullo y una gran responsabilidad.


Nos acompañó por todo el resguardo y de su mano entramos en la radio, en una zapatería artesanal en plena expansión (el propietario y su hijo van a intentar comercializar zapatos de salsa en Cali), en una casa donde hacían artesanía con cabuya, en la escuela (que en ese momento ya no tenía inquilinos) y volvimos a casa de la tía de Aparicio, que nos regaló con un café bien amargo y unos hojaldres  riquísimos.




A la mañana siguiente, Aparicio nos dejó que lo acompañáramos a Caldono, una comunidad a 67 km de Popayán. Allí consiguió que viéramos una escuela indígena, parece que nada sea imposible para este hombre. Subimos la montaña en jeep. José Hernández nos acompañó y rememoró para nosotros su infancia, cuando las veredas no tenían escuela y tenía que bajar media hora a pie y demoraba una hora en subir. Se siente orgulloso de ese avance de su comunidad.

Mientras subimos, nos cruzamos con los muchachos que iban a refrescar sus varas al río, porque acababan de elegir a sus representantes escolares, cada clase el suyo. Los profesores nos acogieron muy amablemente y nos permitieron entrar en tres clases distintas. En una estaban trabajando la lengua, los niños escribían cómo habían vivido la elección de sus representantes y qué harían ellos en caso de ser elegidos; en otra estaban trabajando la carta del jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos y en la tercera, pecuaria.



La mayoría de niños conocen aquí el nasa yuwe, la lengua propia del pueblo Nasa. Intercambiamos frases en nuestra lengua propia con ellos. Al principio eran reacios a preguntar, pero luego ya se soltaron (expresión con connotaciones distintas aquí, prohibido emplearla públicamente). Un profesor nos preguntó, para incitarles, si nuestros libros de Historia seguían haciendo referencia al término conquista, cuando hablaban de la colonización.

Cuando salimos de la última clase, nos invitaron al comedor donde ya los últimos niños estaban terminando su almuerzo y nos gustó compartirlo con ellos: arroz, yuca y ayuco, todo producido en las huertas contiguas. Lavamos juntos nuestros platos y descendimos de nuevo.

Fueron dos experiencias deliciosas.

Silvia y los guambianos

El martes hay mercado en Silvia, un pueblecito a 53 km de Popayán. Hemos cogido el autobús, en el que iban subiendo turistas, como nosotros, en la Estación de autobuses de Popayán. Muchos turistas en proporción a lo que estamos acostumbrados a ver aquí. Ha demorado una hora y media y algunas curvas, que a los que no han circulado por el Pirineo les pueden parecer muchas.

Hemos paseado por el mercado, muy parecido a otros mercados si no fuera por el gran número de chivas coloridas que llegaban de todas partes. Nos sorprendió ver la inimaginable cantidad de papas (y parientes suyos) que no conocíamos. 
Mujeres y hombres de coloridos trajes y sombreros diversos se dispersaban y se agrupaban aquí y allá como gotas de mercurio: son los miembros de la comunidad guambiana.



Lo mejor del día fue el viaje que hicimos hasta el resguardo guambiano. Subimos en un jeep lleno de indígenas que volvían a sus casas cargados con sacos de patatas y bultos diversos, entretenidos con la conversación que manteníamos con el taxista: un match cruzado de preguntas y respuestas que terminó en empate de risas todos juntos. Fueron 20 minutos deliciosos de conversación y paisaje.



Tras descender del resguardo, cogimos el autobús, lleno de turistas (como nosotros), y volvimos a Popayán.

LLegamos al Cauca

Desde Medellín Avianca nos trasladó a Bogotá, cambiamos de terminal y nos puso en otro avión tras conseguir que 4 pasajeros cedieran su pasaje por unos miles y los gastos de hotel. Así llegamos al altiplano colombiano y a Popayán, la capital del Cauca, con sus 250 mil habitantes, llena de taxistas que critican mil aspectos de su ciudad, que opinan por los codos al mismo tiempo que nos aconsejan “no dar papaya”.

El cómodo aeropuerto en el centro nos permite verla enseguida y, después de la dureza de Bogotá y Medellín , nos parece una ciudad amable: casas bajas, ni ricas ni pobres, no vemos pobreza en la calle, huele a pan.

El clima es de eterna primavera. El sol pega fuerte al mediodía, pero a la sombra se está bien y por la noche hace un poco de fresquito. El paisaje del monte es espectacular: verde por doquier en lomas, al lado de los caminos, en veredas... verde oscuro, verde claro, amable, dulce verde.

Aparicio, a quien conocimos en el VOLT3 en Barcelona, nos recoge en el aeropuerto, nos ha acogido junto con Betty, que cocina de maravilla, y nos sentimos en su casa como en nuestra casa: nos miman, nos cuentan , nos hacen sentir como de la familia, nos pasean y no se agobian por nada. Estamos bien, en Popayán, la ciudad blanca al lado del río Cauca, con ellos.




jueves, 16 de febrero de 2017

Medellín, todos envidian tu dinamismo


Dos mañanas estuvimos ocupados intentando reparar nuestra cámara. Eso nos permitió conocer algunas zonas de la ciudad en el centro y en Poblado. No fue posible, cada día tenía peor aspecto y allá se quedó, en urgencias. Quizás algún día aparezca en Barcelona de la mano de David y eso nos permita conocerlo.


Varias veces cogimos el metro, en el parque Berrío, al lado del hotel. Allí hay un mural gigantesco que nos pareció interesante, recupera la historia de la región. La estación es gigantesca, moderna y está bien organizada. El metro, al aire libre, nos permite ver la ciudad a gran velocidad. La arquitectura de ladrillo nos parece particular. Algunos edificios singulares no acaban de encajar con nuestro gusto. Visitamos las oficinas de Claro para aclarar unos términos de nuestra tarjeta sim que quedaron claros, pero nos parecieron oscuros (traducción: ganó Claro por goleada). Al subir al parque Arví vimos la Biblioteca España, un edificio en re-construcción en la Comuna 13. El Metro Cable nos permite eludir las largas escaleras que escalan hasta lo más alto de la ciudad. El Archivo Histórico de Medellín lo vimos desde la calle y la fachada nos llamó la atención. Los gordos del paisa Fernando Botero no pasan desapercibidos ni aquí ni en ninguna parte.

Inauguramos casi la temporada teatral. Fuimos al teatro El Trueque en la carrera 40 # 50 b 32 a ver El Ángel de la Culpa del psiquiatra, escritor y dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra. Salimos cabizbajos sin decir palabra.

Patio de comidas

Mengem i mengem, perdem si alguna punxeta ens quedava  i ens arrodonim per moments, encara que potser  mai dels  mais els podrem atrapar... Els colombians mengen MOOOLT!! L’excusa a la capital era el clima fred. Sí, sí... i quina excusa tenen els paisas d’Antioquia o els patojos del Cauca?

Mondongo, bandeja paisa, apanados, chorizos, arepas de chócolo, pandebonos (con queso), almojábanas (con queso), pancetes, croissants (amb queso o amb jamón i queso), ... Segur que us preguntareu de què fan gust tots aquests noms peculiars. Som-hi!! Què té una bandejita paisa? Per començar, no et porten un plat, sino una safata (como su nombre indica), més que res perquè no hi cabria en un plat. I a dins? A dins, fríjoles, arroz (mai  pot faltar), huevo frito, chicharrones, chorizo, carne en polvo, morcilla, aguacate, arepa i... què us penseu? Que no du verdureta? Doncs sí, du unes rodanxetes de tomàquet. Aquí això de les verduretes... al camp, moltes; al plat, poquíssimes. I et miren amb cara de ¿pero tu estás loco? si se t’acut demanar si en tenen.

La bandeja paisa  es pren en el almuerzo (el desayuno no és molt diferent), que va acompanyat de jugo ben ensucrat de mil fruites diferents: mango, papaya, tomatito de árbol, lulo, uchuva, guanábana, maracuyá... Pots beure-t’hi una cerveseta, o, si tens la sort de ser a l’aeroport de Bogotà, terminal 1 de vols nacionals, pots aprofitar per fer un xupito tax free de Chivas Regal a 11.000 pesos (menys de 3 €) que venen  en carrets ambulants.

A vuestra salut, compañeros!!! que el que és la nostra...


domingo, 12 de febrero de 2017

El parc Arví, Medellín



Ja ens coneixem l’estació del metro de Parque Berrío, avui hem estat dels primers en pujar, amb el metrocable, per sobre de barris sencers, fins el parc Arví. És dia domingo i molts paisas fan el mateix des de ben d’hora.

Dos línies de metrocable fins el parc, a raó de 1200 passatgers/hora i una velocitat de 6 m/s; personal eficient, educat i convençut de la seva importància colabora en posar-nos ordenadament dins les cistelles. Ja correm amunt i els poblados, que semblen mal girbats des de baix, agafen regularitat des de l’alçada: els seus carrers també es divideixen en calles i carreras que forcen el quadriculat de les cases, malgrat la dificultat de la irregularitat on estan assentades: teulades i parets senzilles per un clima benigne que exigeix poc. La segona part del recorregut ja és per sobre de les 16.000 Ha de  selva del parc, molta d’ella no ha estat mai modificada.

El Parc de parcs (Parque Arví), situat entre 2.200 i 2.700 msnm té de tot a dintre: espais d’acampada, llacs, chivas, llocs de ioga, hotels, empanadas i d’altres fregits, centenars de treballadors amb el logo del parc ben brillant, autobusos gratuits que porten d’ací per allà ... Nosaltres, amb tot i el fred,  hem anat al mariposario on només volaven les mariposas cristal. El biòleg que ens ha guiat ha reconegut el nostre idioma perquè veu els partits del Barça en català, però no hem aconseguit que ens el cantés.

Baixant amb ganes d’escalforeta altre cop amb el metrocable hem estat xerrant amb quatre dones d’ensenyament, de plata, de nòvios i ens hem fet una foto amb elles. Feia tant fred a dalt que gairebé hem agraït la caloreta de la ciutat, que a la tarda ha esclatat en pluja.



MEDELLÍN, TU FAMA TE PRECEDE


Satena nos dejó un día en Nuquí esperando vuelo, gracias a eso nacieron los náufragos de Satena, es decir, un grupo variopinto capitaneado por Juana, mujer experta en casi todo. Juntos viajamos el día siguiente hasta Medellín, después de probar la guama.

Medellín tiene la fama de vivir un clima de eterna primavera. ¡Falso! El calor aquí es seco, eso sí, pero de primavera, nada; más bien parece un eterno verano.


Estamos en el centro, un Jano urbano con dos caras: de día es un lugar pintoresco, lleno de vida, de tiendas y multitud de tenderetes con mil cosas distintas. De noche la música se apodera de la calle, salsa, cumbia, reggeaton... No necesitas salir para escucharla, entra por las ventanas abiertas de la habitación del hotel y te persigue hasta altas horas, confundida con el ruido de las bocinas de los coches, de los autobuses, del tráfico que no aminora. Unas sombras distintas se apoderan de las aceras; de día se desvanecen, por efecto del calor y de la vigilancia policial.

El taxista que nos llevó al hotel nos preguntó varias veces la dirección, para cerciorarse de que íbamos al centro. No parece un lugar muy turístico, aunque lo sea. A nosotros nos gusta.