sábado, 18 de febrero de 2017

LLegamos al Cauca

Desde Medellín Avianca nos trasladó a Bogotá, cambiamos de terminal y nos puso en otro avión tras conseguir que 4 pasajeros cedieran su pasaje por unos miles y los gastos de hotel. Así llegamos al altiplano colombiano y a Popayán, la capital del Cauca, con sus 250 mil habitantes, llena de taxistas que critican mil aspectos de su ciudad, que opinan por los codos al mismo tiempo que nos aconsejan “no dar papaya”.

El cómodo aeropuerto en el centro nos permite verla enseguida y, después de la dureza de Bogotá y Medellín , nos parece una ciudad amable: casas bajas, ni ricas ni pobres, no vemos pobreza en la calle, huele a pan.

El clima es de eterna primavera. El sol pega fuerte al mediodía, pero a la sombra se está bien y por la noche hace un poco de fresquito. El paisaje del monte es espectacular: verde por doquier en lomas, al lado de los caminos, en veredas... verde oscuro, verde claro, amable, dulce verde.

Aparicio, a quien conocimos en el VOLT3 en Barcelona, nos recoge en el aeropuerto, nos ha acogido junto con Betty, que cocina de maravilla, y nos sentimos en su casa como en nuestra casa: nos miman, nos cuentan , nos hacen sentir como de la familia, nos pasean y no se agobian por nada. Estamos bien, en Popayán, la ciudad blanca al lado del río Cauca, con ellos.




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