El martes hay mercado en Silvia, un pueblecito a 53 km de Popayán. Hemos cogido el autobús, en el que iban subiendo turistas, como nosotros, en la Estación de autobuses de Popayán. Muchos turistas en proporción a lo que estamos acostumbrados a ver aquí. Ha demorado una hora y media y algunas curvas, que a los que no han circulado por el Pirineo les pueden parecer muchas.
Hemos paseado por el mercado, muy parecido a otros mercados si no fuera por el gran número de chivas coloridas que llegaban de todas partes. Nos sorprendió ver la inimaginable cantidad de papas (y parientes suyos) que no conocíamos.
Mujeres y hombres de coloridos trajes y sombreros diversos se dispersaban y se agrupaban aquí y allá como gotas de mercurio: son los miembros de la comunidad guambiana.
Lo mejor del día fue el viaje que hicimos hasta el resguardo guambiano. Subimos en un jeep lleno de indígenas que volvían a sus casas cargados con sacos de patatas y bultos diversos, entretenidos con la conversación que manteníamos con el taxista: un match cruzado de preguntas y respuestas que terminó en empate de risas todos juntos. Fueron 20 minutos deliciosos de conversación y paisaje.
Tras descender del resguardo, cogimos el autobús, lleno de turistas (como nosotros), y volvimos a Popayán.
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