Llevamos unos días increíbles, parece imposible que se pueda establecer un contacto más bello con el agua y con la naturaleza en general. Unos muchachos que andaban viajando desde hacía seis meses por Sudamérica, como quien no dice nada, nos recomendaron la desembocadura del río Palomino.
Nos levantamos tarde y seguimos un caminito que arranca cerca del hostel y conduce hasta el mar, pasando por el puesto militar, y cuando llegamos nos llenamos de nuevo de asombro: el lugar es espléndido, de esos lugares que no parecen reales, sino sacados de una película o, mejor todavía, de un sueño.
Una larga lengua de arena separa el río del mar. El río fluye caudaloso y oscuro en una dirección; el mar bate sus olas contra la arena, casi en perpendicular. Al final del largo pasillo desolado, el río desemboca en el mar, potentes y fríos los dos. Si cruzas el río, llegas a una especie de islita llena de palmeras. Bajo las palmeras, dos tiendas de campaña que nos llenan de sana envidia. Enfrente, por el lado del río, otra islita con unos caballos pastando. El aire nos permite soportar el calor del sol. Vemos como una ola atrevida llega hasta el río. ¡Nos hemos ganado una cerveza contemplativa!
A la mañana siguiente, temprano, cruzamos el pueblo en sendas motocicletas , cargando cada uno un flotador descomunal al hombro. Los conductores nos dejan al pie de un camino, describen la ruta y se van. Por primera vez andamos solos por la selva. Esto no lo teníamos previsto. Vemos monos, pájaros diversos y picos nevados a lo lejos en la sierra de Santa Marta.
Anduvimos sin cruzarnos con nadie durante 45 minutos: una subida, una bajada, mucho calor aunque sea temprano, y llegamos a la trocha indicada. Detrás está el Palomino esperando, ancho y frió, con el agua que nos llega hasta las rodillas. Nos montamos en el yate y woooow, nos deslizamos río abajo hasta la desembocadura. ¡Bacán!
Pusieron el río y la mañana para nosotros. Durante dos horas nos deslizamos por el agua, ahora más deprisa, ahora más despacio, dos dedos de agua, no tocamos fondo, gente bañándose, gente lavando la ropa… ¡Nos hemos ganado una cerveza activa!





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