Fanny es encantadora, tiene previsto llevarnos a Zipaquirá, la catedral de sal, y al cerro de Monserrate y a nosotros, desagradecidos, no nos apetece ninguna de las dos.
Fanny es condescendiente, después de recogernos en casa de Octavio en su carro y de intentar sortear sin éxito el trancón que se armó en la ciudad un día antes del día sin coches, cambia el plan previsto y nos lleva a conocer la Universidad Nacional, donde estuvo enseñando durante toda su vida.
Fanny es cordial, nos muestra su casa y las fotos familiares. Fanny es ingeniera agrícola y nos muestra con gusto miles de frutas desconocidas en la sección de frutería del Unicentro, el pionero de los centros comerciales de Bogotá, lo único que tenemos a mano.
Fanny es divertida, nos monta en bici-taxi y come con nosotros en un rinconcito de su querida universidad, en un banco, a la sombra de un árbol enorme. Fanny conoce la ciudad al dedillo, es una guía estupenda, casi demasiado, porque nuestra cabeza no puede procesar tanta información.
A estas alturas, Fanny es ya nuestra amiga. Visitamos juntos La Candelaria y tomamos las onces en La Puerta de la Catedral. Nos acompaña en el Transmilenio y la vemos bajar, una estación antes de la nuestra, cansada como nosotros después de un día agotador. Seguro pues que volveremos a vernos, amiga Fanny.

No hay comentarios:
Publicar un comentario