jueves, 16 de marzo de 2017

AMAZONAS, TRES FRONTERAS:LETICIA


Cuando nos dimos cuenta de que en Leticia casi no hay zancudos fuimos muy felices allí. Estuvimos en dos alojamientos, en casa de Alejo y Nora  (un pensionado con tres libros a cuestas y una profesora de la normal a punto de pensionarse) y en el hotel Divino Niño, en el área de influencia de Brasil, muy cerca de la frontera, imperceptible por otra parte. Los mototaxis se mueven de un lugar a otro sin que te des cuenta de dónde estás; eso sí, los tuc-tuc no pueden recoger en Brasil y los mototaxis no cargan en Colombia.




¿Y Perú? A la isla de Santa Rosa hay que ir en barco y pasar el control cada vez que te adentras por el río en territorio peruano. Los agentes peruanos vienen “de vacaciones” 6 meses al Amazonas, porque aquí su cotidianidad es muy plácida y nada estresante. Les visitamos en un puesto junto al río de regreso de la selva y parecían bien satisfechos.




 En una de las excursiones, visitamos varios poblados indígenas: Puerto Alegría, donde los indígenas les muestran a los turistas sus “mascotas”;  la Isla de los Micos, donde una colonia de golosos monos espera a una colonia de dadivosos turistas, bananas en ristre, para arrebatárselas o esperar plácidamente que se las ofrezcan;  Macedonia, una organizada comunidad ticuna, que muestra sus costumbres y las más bellas artesanías.








Al río salimos varias veces, por el placer de navegarlo, de perderse en él sin saber si estás en una de las múltiples islas que lo invaden o si ya estás en la otra orilla o de contemplarlo en toda su inmens





Fuimos al lago Tarapoto a ver delfines rosados. Vimos muchísimos, pero esos animales saben muy bien qué tienen que hacer para no salir en nuestras fotos y nos mantuvieron expectantes durante un buen rato saliendo a la superficie, ahora cerca ahora lejos ahora a un lado, por los lugares más inesperados. Llegamos hasta Puerto Nariño, la segunda (y última) ciudad de la Amazonía colombiana, recortada y presumida sobre el río, llena de caminitos y flores y de colinitas desde donde presume de limpia y ecológica y desde donde es fácil contemplarla en toda su belleza.


Por la tarde visitamos un lugar precioso, lleno de victoria regias en todo su esplendor y en todas las etapas de su ciclo vital: desde la blanca flor de loto hasta las enormes hojas, algunas de ellas en etérea descomposición.

Se acabó nuestro tiempo aquí y... volamos hacia Cartagena!!!

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